Por Víctor Orozco
El 9 de agosto de 1945, William T Laurence, periodista del New York Times especializado en temas científicos y asignado al Proyecto Manhattan, volaba en uno de los tres aviones B-29, que se dirigían a Japón. Una de las naves transportaba la segunda bomba atómica destinada a ser arrojada sobre un objetivo de guerra. Había sido manufacturada empleando plutonio, material sintético distinto al uranio, que sirvió para la primera bomba con la cual se destruyó la ciudad de Hiroshima tres días antes.
