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| Javier Corral Jurado - Revelaciones sobre el Monexgate |
A su brutal vacuidad intelectual, a su dependencia existencial de Televisa y su complicidad con uno de los grupos políticos más corruptos dentro del PRI (Atlacomulco), Enrique Peña Nieto, añade ahora a su triunfo en la elección presidencial del pasado 1 de julio, el mayor cuestionamiento social y político a su pretendida legitimidad: el financiamiento ilegal de su campaña, no sólo por el rebase de los topes de gasto, las ilegales aportaciones de sociedades mercantiles y las aportaciones privadas no reportadas, sino por los indicios de lavado de dinero en transferencias financieras hacia empresas fantasmas que esta semana se pusieron al descubierto, en lo que constituye el escándalo Monexgate, ya de repercusión internacional.
Era de esperarse que la montaña de dinero en la que Peña Nieto basó su campaña para comprar, más que electores, encuestadoras, estructuras corporativas, medios de comunicación y atiborrar de propaganda todas las ciudades del país, tuviera un rebase en los topes y también recursos de procedencia ilícita. El cuantioso flujo de dinero privado y público que alimentó esa campaña tuvo sus fisuras, precisamente por las que hoy podemos conocer todo el mugrero que estuvo detrás.
