Por Víctor Orozco
El 12 de enero de 1861, apenas unos días después de que las tropas liberales habían entrado triunfantes a la ciudad de México, Melchor Ocampo, a la sazón ministro de Relaciones Exteriores en el gabinete del gobierno presidido por Benito Juárez, comunicó a Luigi Clementi, arzobispo de Damasco y Nuncio Apostólico en México lo siguiente: "No es de ningún modo conveniente al Supremo Gobierno Constitucional de la República la permanencia de usted en ella, después que tantos sacrificios ha costado a esta nación el restablecimiento del orden legal, después que tanta sangre se ha derramado en este suelo y todo esto por la escandalosa participación que ha tomado el clero en la guerra civil. Hoy que el orden constitucional queda establecido, el excelentísimo señor presidente ha dispuesto que usted salga de la República en un breve término que sea absolutamente el necesario para preparar su viaje".