Por Roberto Gallardo
El ciudadano mexicano, armado de Facebook y Twitter, vino a dar la pelea, sorprendiendo a la clase política con su actuar, saltando a primer plano al tomar un papel protagónico, luego de haber sido meramente un espectador durante décadas, si no es que siglos.
Destaca el movimiento #YoSoy132, de merecida notoriedad, al haber puesto en aprietos a la maquinaria priísta, demostrando en un solo acto que su candidato no era como lo pintaban.
Este movimiento, a su vez, no hubiera sido nada sin la participación de literalmente millones de mexicanos que distribuyeron los videos de la visita de Peña Nieto el 11 de mayo a la Universidad Iberoamericana, y los videos posteriores en los cuales los estudiantes se defendían del coletazo del dinosaurio que en un reflejo natural, los calificó como “intolerantes”.
Esas redes cobraron vida, mostrando a un pueblo que estaba mucho más al día en redes sociales que sus leyes, partidos, candidatos e instituciones electorales.
Posteriormente, en tres sucesivas convocatorias, el pueblo raso marchó, manifestándose en contra de un resultado que percibía como inevitable.
Finalmente, en ese choque de trenes, la clase política resultó triunfadora.
